Recuerdo haber leído ese horóscopo una tarde cualquiera, de esas en que el tiempo parecía quedarse suspendido entre una página y otra.
Decía que el amor mejoraría, que los días 13 y 14 traerían algo nuevo, algo ligero… como caminar sin rumbo bajo el sol.
Hablaba de paseos al aire libre, de risas que nacen sin esfuerzo, de jóvenes que aparecerían casi por destino, como si alguien, en algún lugar, hubiera decidido que ya era mi turno.
Yo lo leí en silencio, con una fe pequeña, casi tímida, como quien no está seguro de si creer pero igual guarda un rincón para la esperanza.
Pasaron esos días.
El cielo fue el mismo, las calles también.
Y yo seguí siendo el mismo muchacho que no sabía muy bien qué hacer con su propia soledad.
A veces pienso que no era tristeza, sino una forma lenta de aprender a esperar…
a imaginar una vida que parecía posible solo en palabras impresas.
Nunca hubo paseos compartidos, ni miradas que se quedaran más de lo necesario.
Pero quedó ese momento: yo, leyendo, creyendo apenas,
sosteniendo una promesa que no era mía.
Y ahora, al recordarlo, no hay vacío en ello, sino una especie de ternura.
Como ese otoño que también viví, sin darme cuenta, mientras las hojas caían en silencio y yo aprendía —muy despacio— a crecer por dentro, aunque nadie estuviera mirando.
(Jen-O)

No comments:
Post a Comment